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lunes, 20 de mayo de 2013

C. AMERICANOS ,CONTRA EL CABALLERO ANDANTE

DEL BUEN SUCESO QUE EL VALEROSO LORENZO ANDANTE TUVO EN LA ESPANTABLE Y JAMAS IMAGINADA AVENTURA DE LOS CAMIONES.




Contada la historia de como hacerse motero, no veia la hora de verse en moto y salir buscando las aventuras, casi toda la semana camino sin acontecerle cosa que de contar fuese, de lo cual se desesperaba, por que quisiera topar con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo.

A mis manos llego un folleto donde se anunciaba que en un pueblo de Cuenca, para mas gloria Iniesta de nombre, habia reunion de gigantes. Y han viendo eso, y puesto el pensamiento en su señora Dulcilicia, dijo: acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro avasallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro favor y amparo: y diciendo estas y otras semejantes se preparo para salir los dos a tal encuentro.


De madrugada y sin mediar alguna, salieron en busca de nuevas aventuras, y cuando ya rocin necesitaba su liquido para seguir y la dama Dulcilicia , un poco de descansar mirando a todas partes, por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse, y adonde pudiese remediar su mucha necesidad, vió no lejos del camino por donde iba una venta, que fue como si viera una estrella, que a los portales, si no a los alcázares de su redención, le encaminaba. Dióse priesa a caminar, y llegó a ella con la idea de su estomago calamar, pues ya hacia tiempo que su estomago le recreminaba con extraños y escandalosos tronantes.


Fuese llegando a la venta (que a él le parecía castillo), y a poco trecho de ella detuvo el motor de su Thurdernante, y despacharon un suculento pan con jamon, que a mi me han dicho que un motero que debe aun andar por el camino y si tiene suerte al final de el tener una buena aventura , no debe cargar mucho el estomago, para asi mas agil enfrentar la encomienda.

Y puestos en camino, y llegando a Iniesta a lo lejos descubriese unos  treinta o cuarenta camiones americanos que hay en aquel campo, y así como Lorenzo andante los vió, dijo a su Dulcilicia: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves amada Dulcilicia donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Dulcilcia. Aquellos que allí ves, respondió , de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Dulcilcia, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino camiones, y lo que en ellos parecen brazos son los tubos de escape, que volteadas del acelerador hacen andar mas aprisa . Bien parece, respondió Lorenzo andante, que no estás cursada en esto de las aventuras; ellos son gigantes.


Bajate, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. Y diciendo esto, dio gas a su Thundernante, sin atender a las voces que su amada Dulcilcia le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran camiones americanos, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces , ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.
Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcilicia pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Thundernante  y embistió con el primer camion que estaba delante; y dándole un gran golpe, que el camion ni se inmuto.


llevándose tras sí a la moto y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Dulcilicia a socorrerle a todo el correr , y cuando llegó, halló que no se podía menear, tal fue el golpe que dio con él camion. ¡Válame Dios! dijo Dulcilicia; ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino camiones americanos, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? Calla, amada Dulcilcia, respondió Lorenzo andante, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que algun encantamiento del algun enemigo es lo que a provocado esto.
A la mano de Dios, dijo Dulcilicia, yo lo creo todo así como vuestra merced lo dice; pero enderécese un poco, que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la caída. Así es la verdad, respondió lorenzo andante; y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, aunque se le salgan las tripas por ella.. 



           Una aventura contada por LORENZO ANDANTE