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domingo, 8 de diciembre de 2013

CAPITULO 9 º . Las aventuras de un caballero en Disber

DONDE SE CUENTA LA HISTORIA DE LA LLEGADA A DISBER, DE VICENTE

 Era un dia mas, pero esperábamos una visita que cambiaría el curso de todos nosotros . Cuando toco la hora; al compás de la agradable mañana iban las guerreras, vestidas con ropas del castillo Disber, modo que, sin impedirlo por entre ellas se descubría un hermosísimo rostro de doncella, y las muchas luces daban lugar para distinguir la belleza y los años, que, al parecer, no llegaban a los cincuenta ni bajaban de cuarenta y cinco. Al menos de casi de casi todas ellas, pues parecerme a mi que la mas joven debiese ser Susana, que su edad frisaba mas cerca de los treinta.


Como de norma todos los días nos reuníamos a comer, y hablar de nuestras batallas del día a día, en un lugar llamado parking y alrededor de la mesa cuadrada propiedad de el Caballero Antonio, valiente y de noble corazón. En este dia que voy a relatar apareciese con su enorme carro de color gris, el bien llamado caballero Vicente, ya conocido por todos nosotros, pero en este año , pereceme distinto pues quizá la historia cuente que fue imaginación, o locura pero yo entendí en su bienvenida.....
-Yo soy Vicentin, aquel que las historias
dicen que tuve por mi padre al diablo
(mentira autorizada de los tiempos),
príncipe de la Mágica y monarca
y archivo de la ciencia zoroástrica,
émulo a las edades y a los siglos
que solapar pretenden las hazañas
de los andantes bravos caballeros
a quien yo tuve y tengo gran cariño.
Y, puesto que es de los encantadores,
de los magos o mágicos contino
dura la condición, áspera y fuerte,
la mía es tierna, blanda y amorosa,
y amiga de hacer bien a todas gentes.
En el pueblo de Villamarchant
donde estaba mi alma entretenida
en formar ciertos rombos y caráteres,
llegó la voz doliente de las bellas guerreras
que de sabañones le han salido en sus manos
Supe su encantamento de las tan gentiles damas
encerrando mi espíritu en el hueco
desta espantosa y fiera notomía,
después de haber revuelto cien mil libros
desta mi ciencia endemoniada y torpe,
vengo a dar el remedio que conviene
a tamaño dolor,
¡Oh tú, gloria y honor de cuantos visten
las túnicas de acero y de diamante,
luz y farol, sendero, norte y guía
de aquellos que, dejando el torpe sueño
y los buenos sofas, se acomodan
a usar el ejercicio intolerable
de las carreteras y pesadas
A ti digo ¡oh varón, como se debe
por jamás alabado!, a ti, valiente
juntamente y discreto Lorenzo Andante esplendor, de España ,
que para recobrar su estado primo
deberéis trabajar en Domingo aunque sea hasta mediodia para que lo de los sabañones se les cure, pues ese castigo
debéis hacer por tan bellas guerreras
Y en esto se resuelven todos cuantos
lo que vos podéis hacer, pero tener por seguro que
de su desgracia `pronto se recuperara
y a esto es mi venida..




-Tomaros he yo -dijo Lorenzo Andante -, don Vicente , por una gran persona, pero de ahi a mago , trecho hay, pero si hay que venir en Domingo sea por tan noble causa, pero si no se le curan los sabañones juro que os ato y no digo yo tres mil y trecientos, sino seis mil y seiscientos azotes os daré, tan bien pegados que no se os caigan a tres mil y trecientos tirones, Si los sabañones no se le curan. Pues no salir un Domingo en moto, es como pedir que el cielo caiga sobre mi persona, pero sea como vos deciis y vendré el Domingo con tal de que a las valientes guerreras de sus manos desaparezcan esos malditos y dolorosos encantamientos que sufren, llamado “sabañones”
A lo que casi a la vez Maricarmen y Lola se lanzaron a decir.
, por la mansedumbre de mi condición y la belleza de mi faz; y si por mí no quieres ablandarte ni reducirte a algún razonable término, hazlo por ese pobre caballero que a tu lado tienes; y curame estos sabañones, digo, de quien estoy viendo el alma, que la tiene atravesada en la garganta, no diez dedos de los labios, que no espera sino tu rígida o blanda repuesta, o para salirse por la boca, o para volverse al estómago.
Tentóse, oyendo esto, la garganta el caballero andante y dijo, volviéndose a Vicentin

Déjeme vuestra grandeza -respondió -, que no estoy agora para mirar en sotilezas ni en letras más a menos; porque. aunque no los gasto gasto, trae delante de sí para ablandarme, sino un vituperio y otro, sabiendo aquel refrán que dicen por ahí, que un asno cargado de oro sube ligero por una montaña, y que dádivas quebrantan peñas, y a Dios rogando y con el mazo dando, y que más vale un "toma" que dos "te daré"?
Aprendo mucho de en horamala a saber rogar, y a saber pedir, y a tener crianza, que no son todos los tiempos unos, ni están los hombres siempre de un buen humor. Estoy yo ahora reventando de cansado, pero para que esta aventura culmine bien, para ambas yo vendré en Domingo a Disber, y asi espero ver pronto esas manos como dignas de sujetar esas transpaletas con la fuerza que tal batalla requiere.
-Pues en verdad, amigo Lorenzo -dijo el caballero Antonio -, que si no os ablandáis más que una breva madura, y que no habéis de empuñar vuestra moto ¡Bueno sería que yo enviase noticia de que también aquí estaré , si Vicentin no tiene a bien poner objeción , pues dos caballeros hacen mas fuerza para tan loable interés.
-No, en ninguna manera -dijo Vicentin-; aquí, en este instante y en este lugar, ha de quedar asentado lo que ha de ser esto posible, y que todos los aquí presentes diesen fe en futuros dias de que realmente mi pronostico y magia es verdadero como la luna y el sol.
-Ea, buenos amig@s -dijo Ana -, buen ánimo y buena correspondencia al pan que habéis comido del caballero Andante a quien todos debemos los buenos momentos que nos hace pasar y por su buena condición y por sus altas caballerías. Yo yambien vendre, sea por que tanto a Maricarmen como a Lola de esos sabañones se libren.
A estas razones respondió con éstas disparatadas Antonio, que, hablando con Vicentin le preguntó: -Dígame vuesa merced, señor Vicentin: ¿cuando llegó aquí el buen acogimiento que tiene el trabajo ? Pues empecemos luchando contra una crisis y a fe mia que la estamos venciendo.
A lo cual respondió Vicentin
-El caballero Andante, amigo Antonio, es un ignorante pero un grandísimo luchador: yo le envié en busca de vuestro amo, pero no con recado de que vos trabajais en Domingo, solo debía venir el llamado Caballero Andante, pero Si algo, tenéis o alguna cosa que negociar con él, yo os digo y pondré donde vos más quisiéredes. Y, por agora, acabad de dar el sí desta diciplinar, y creadme que os será de mucho provecho, así para el alma como para el cuerpo: para el alma, por la caridad con que la haréis; para el cuerpo, porque yo sé que sois de complexión sanguínea, y nunca os a importado el trabajar.
-Muchos médicos hay en el mundo: hasta los encantadores son médicos -replicó Antonio-; pero, pues todos me lo dicen, aunque yo no me lo veo, digo que soy contento de venir a trabajar, con condición que esos sabañones se deban curar, sin que se me ponga tasa en los días ni en el tiempo; y yo procuraré salir de la deuda lo más presto que sea posible, pues, según parece, al revés de lo que yo pensaba, en efecto Ha de ser también condición que no he de estar obligado a sacarme sangre con la diciplinar, y que si alguna hora de mas se me han de tomar en cuenta. Iten, que si me errare en el número, el señor Vicentin, pues lo sabe todo, ha de tener cuidado de contarlos y de avisarme los que me faltan o los que me sobran
-¡Ea, pues, a la mano de Dios! -dije -. Yo consiento en mi mala ventura; digo que yo acepto la penitencia con las condiciones apuntadas.
Y ya, en esto, se venía a más andar pues la hora de la comida ya se nos estaba pasando. La tierra alegre, el cielo claro, el aire limpio, la luz serena, cada uno por sí y todos juntos, daban manifiestas señales que el día, que al aurora venía pisando las faldas, había de ser sereno y claro. Y, satisfechas las guerreras de la resoluciones tomada y de haber conseguido su intención tan discreta y felizmente, se volvieron a su castillo, Disber con presupuesto de segundar en sus batallas, que para ellas no había veras que más gusto les diese que aunque el Domingo no es un día de batallas, los habitantes de Disber irían todos a trabajar, pero que el caballero Andante y Antonio el magnifico junto a Vicentin el encantador lo harían por romper el malicioso encantamiento de los sabañones en las manos de las siempre apreciadas guerreras transpaletistas, Mariacarmen y Lola.



Una hostoria contada por   LORENZO ANDANTE



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