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viernes, 8 de noviembre de 2013

Capitulo 7º LAS AVENTURAS DE UN CABALLERO EN DISBER

DONDE SE PROSIGUE LA NARRACION DE LAS CRONICAS DE DISBER Y NUESTRO CABALLERO.

Recuerdo que era Lunes, lo recuerdo por que fue al día siguiente de un Domingo, llegose yo a la empresa y cerca de donde estaba la escalera de dirigirse a el sótano, estaban el bachiller Carlos y la administradora de trabajos Mariangeles, con una conversación que se disipo cuando ya han llegado yo a su altura, así pues mis dudas se disiparan al dirigirse hacia mi y con voz suave avisarme de que debia salir a “ repartir”.¡¡ Por san hipolito !! que es eso pregunte, a lo que ella respondió ; dado que Carlos ya me ha avisado de que de en vez en cuando la chaveta se le va, se lo explicare de tal forma que lo pille con cierta rapidez.

Un carruaje le van a dar, y alla donde los papeles señalen debe dirigirse con toda rapidez , para hacer entrega de unas cestas que seguro le ayudara a buscar las aventuras por esos mundos. Palabras mágicas sabes emplear,- dijo Carlos – pues a lorenzo en nombrale aventuras ya le tienes convencido y seguro que ya en su cabeza andará rumiendo las cosas que a todo caballero andante le sucederán.

Contento, por ello, me puse a buscar ese gran carruaje, que era mucho de color rojo , y pregunto-se por su nombre para curiosidad mía, Iveco se llama ; me respondió y esta en descargas respondió Carlos ; vaya a buscarlo y que Dios le acompañe que en buena falta le ara.
Cuando llegue ante el tal carruaje, pregunte a los mayorales llamados vicentes, ¿ donde estan los caballos, y cuantos tiene esta carroza ? Con cara muy extraña, me miro uno de ellos, el que dicen es real ; pues en el motor ¿ donde van a estar ? Y cuantos son no lo se, pero estese tranquilo que forraje no le tiene que dar. Huy que cosa mas rara un carruaje que tiene los caballos escondidos, pense. Y al subirme y sentarme en el sitio del cochero , fijose yo que las riendas eras redondas; a lo que pense, esto es cosa de brujeria, pero a mi no me achican estos encantamientos.


Salí con el carruaje hacia Marines pueblo de grandes pintores pensé, ya que voy a una fabrica de pintura tan grande como el castillo de grisantemo, lo que deduzco que en el pueblo hay mucho habitual del pincel o tal vez de la brocha.
Cuando llege a las puertas de la tal empresa, debia detenerme en la puerta donde un soldado me requisaría si llevaba mi espada, y me obligaría a ponerme un peto amarillo chillón. Sepa ud, que soy un caballero andante , y los tales estamos exentos de las normativas que rigen para cualquier labrador o pastor de las aldeas; le dije al soldado -vigilante; Pues no le entiendo a lo que me dice, pero no se quien es , ni vos, pero aquí se cumplen las normas ; me contesto con voz de enfado ; pero o se pone el peto o no pasa, vos dirá. ¡¡ albricias!! pensé, este mal fugado, me dejara sin aventuras como no me deje pasar; así que entre dientes le dije; bueno pero sepa vuestra merced que me quejare a mi administradora Mariangeles nada mas llegar de vuelta a el castillo de Disber, pues no se puede tratar así a tan alta fama de la que dispongo como caballero andante. ¿ va a pasar o no ? Que no dispongo de todo el día ; volvió a replicar el soldado-vigilante; y tenga ud este salvoconducto, para llegar a el muelle once, y no se baje de carruaje hasta que no vayan a buscarlo.
Entre por las calles de el poblado de pinturas y anduve buscando el muelle once, a lo que caí en la cuenta de que me había tomado el pelo el de la puerta, pues mulles solo debe haber en los puertos; Mala garrota le den al bellaco, y sin pensarlo , pare el carruaje y me dije, si quieren que vengan a buscarme aquí, pues de aquí ya no me muevo.
Y quiera la suerte que acertó a pasar por allí un señor de ese mismo lugar que viéndome allí parado, se acerco y me pregunto que quien era y que mal sentía que allí estaba parado ; De Disber vengo y traigo unas cestas para este castillo, y vuestro señor portero – vigilante , en mala honra me a tratado, a lo que he decidió plantarme aquí y esperar el momento de solucionar el agravio con una justa.
El señor estaba admirado oyendo aquellos disparates y queriendo quitar hierro a el asunto le dijo ¿ quien a puesto a vuestra merced de esta suerte ? Ya os digo – respondí, las mismas palabras y razones que en anterior, por lo que el señor se iba dando a el diablo al oir tanta maquina de necedades , y dejándome en el muelle once, me descargo las cestas que llevaba, para desearle que saliese lo antes posible pues le parecía que andaba un poco peligroso al relatar los echos como lo hacia ya que parecía mas bien un poco ido que todo un caballero. Yo se quien soy – respondí – y se que puedo ser , no solo un gran caballero andante , que ni aun con todos los doce de la mesa redonda, ni el mismo Cid podrán igual mis hazañas. Y saliendo de el castillo de pinturas , grite por la ventanilla de mi carruaje a el soldado- vigilante de la puerta, ; ¡¡ desventurado seáis !! que como nací para morir os digo que volveré pero la próxima con mi lanza y que cuando atraviese esta puerta fuchares de mi camino u os atravieso hasta la empuñadura.


Todo esto llego a oídos de Mariangeles y preguntado a el bachiller Carlos si fuese posible verdadero tal inspedio de disparate, pensó que esta le venia de molde para el paso en que se hallaba , ya que el no queria que el tal caballero del sótano saliese; dijo con muestra de grande sentimiento - historia sabida de todos , no ignorada de los mozos , celebrada y aun creída por las transpaletistas , con todo esto yo os aconsejo que no lo volváis a apartar de mi lado, ya que aquí se recupera de tales atroces que pasan por su cabeza, y si acaso de vez en cuando se suba a ayudar a las guerreras , que eso le calma el alma y con ello ese ardor guerrero que le nubla la razón y es tan perjudicial para el. 
En cuidado me lo tengo; dijo Mariangeles y lo hablare con quien fuese ocasión de ver si le damos ayuda para tanta locura, pero lo cierto es y digo que ese trabajo no lo hacia mal del todo, lastima que eso de las aventuras y los caballeros andantes , sea del diablo o no , lo debamos de sopesar. ya os digo que en cuenta me lo tengo, y para cuando venga la reina Maria habra que informar y lo trazare de modo cuidadoso. Por el momento os digo Carlos, que le mantengáis aquí en el sótano al cuidado y no  perderé de vista, no sea que arme una gorda de la cual estemos arrepentidos durante los siglos verederos.
Todas estas platicas estaba escuchando muy atento el caballero andante y dirijiendose a Carlos, le dijo; Creerme que os podéis llamar afortunado por haber alojado en este vuestro sótano a mi persona. Solo os digo que tendré eternamente escrito en mi memoria el servicio que me habéis dado para agradecéroslo mientras la vida me durare.
Mientras que el bachiller Carlos, ya estaba mas acostombrudao, la buena de Mariangeles seguia confusa oyendo las razones del andante caballero, que le parecia mas bien que hablaba en griego, pues las palabras sonaban a como no usadas a semejante lenguaje, mirabale y admirabale pues le pareciese otro hombre , mientras por su cabeza pasaba la idea / que pena de chico, habra que engañarlo para que acuda a un medico / . A lo que mientras el caballero andante , se marchaba a el sotano, le dijo a el bachiller Carlos; lo dicho mantelo contigo y que se relaje, estudiaremos su caso aunque lo tenga que hablar con el padre de la reina.


Una aventura contada por  LORENZO ANDANTE

Para el blog  ELMOTERO QUIJOTE